
Las nieves perpetuas, el andar parpadeante de los pájaros. Los latigazos de un atardecer chispeante. Los destellos del sol sobre las crestas de las olas. Los tonos temblorosos de los barcos a través de la distancia.
La fiebre de las nubes danzando sobre las montañas. Las guayas del teleférico cincuentón. Los rojos desteñidos de las cabinas suspendidas en el aire. Y la brisa helada que recuerda el Caribe llano y apasionante que huye del cuerpo para castigar el alma.
El peso del cuerpo da cuenta de los años transcurridos. Y las diapositivas amarillentas alimentan el febril recuerdo de los Supermercados Victoria; de las Revistas Kena; de las portadas pegajosas de la VIASA que se nos fuè.
Todo es diferente; flaquean las fuerzas para contener las lágrimas ante una tierra que baja la mirada para no identificar a su hijo pródigo del pasado. Los olores de café que despide la barra de madera no son de la Gaggia que conocí. Provienen de un armatoste chino, producto del actualísimo trueque gubernamental.
Las miradas inflamadas de los funcionarios; los chicles en boca; la irreverencia; me asustan. Me recuerdan los des- tiempos; me soslayo mirando un coche azul celeste y a su hermoso pasajero: Un rotundo y orondo bebé de meses que sonríe ante la mirada azarosa y tímida de un itinerante.
Cierro los ojos y en los audífonos suena Carlos Gardel. Con un pasaporte que no es mío empuño las manos, y me transporto a la proa de aquel barco en el que en la otra vida asistí.
Bondad, inocencia y limpidez. Existe mucho tesoro en la memoria; que con indiferencia se arruma en la fila; que con desdén se recibe y se execra; con la facilidad de un guiño; con la trepides de las sombras.
Bendito pasado; que alimenta mi presente. Bendito presente; que jamás somete al olvido al pasado. Un pasado que toma la mano del presente y entonan himnos de esperanza al futuro. Le cantan con olor a moras; a chocolate; a tabaco dulzón.
La fiebre de las nubes danzando sobre las montañas. Las guayas del teleférico cincuentón. Los rojos desteñidos de las cabinas suspendidas en el aire. Y la brisa helada que recuerda el Caribe llano y apasionante que huye del cuerpo para castigar el alma.
El peso del cuerpo da cuenta de los años transcurridos. Y las diapositivas amarillentas alimentan el febril recuerdo de los Supermercados Victoria; de las Revistas Kena; de las portadas pegajosas de la VIASA que se nos fuè.
Todo es diferente; flaquean las fuerzas para contener las lágrimas ante una tierra que baja la mirada para no identificar a su hijo pródigo del pasado. Los olores de café que despide la barra de madera no son de la Gaggia que conocí. Provienen de un armatoste chino, producto del actualísimo trueque gubernamental.
Las miradas inflamadas de los funcionarios; los chicles en boca; la irreverencia; me asustan. Me recuerdan los des- tiempos; me soslayo mirando un coche azul celeste y a su hermoso pasajero: Un rotundo y orondo bebé de meses que sonríe ante la mirada azarosa y tímida de un itinerante.
Cierro los ojos y en los audífonos suena Carlos Gardel. Con un pasaporte que no es mío empuño las manos, y me transporto a la proa de aquel barco en el que en la otra vida asistí.
Bondad, inocencia y limpidez. Existe mucho tesoro en la memoria; que con indiferencia se arruma en la fila; que con desdén se recibe y se execra; con la facilidad de un guiño; con la trepides de las sombras.
Bendito pasado; que alimenta mi presente. Bendito presente; que jamás somete al olvido al pasado. Un pasado que toma la mano del presente y entonan himnos de esperanza al futuro. Le cantan con olor a moras; a chocolate; a tabaco dulzón.
Que aferra con lágrimas la adrenalina del ayer. 20 años no son nada.

4 comentarios:
Guaglione! ¿La del Gardel que sonaba en los audífonos no era por casualidad "Nostalgia"? ¿O mejor,"Volver"?
Volver...
con la frente marchita,
las nieves del tiempo platearon mi sien...
Sentir...
que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada,
errante en las sombras,
te busca y te nombra.
Vivir...
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez...
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida...
Tengo miedo de las noches
que pobladas de recuerdos
encadenan mi soñar...
Pero el viajero que huye
tarde o temprano detiene su andar...
Y aunque el olvido, que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón.
TANTI AUGURI RAGAZZONEEEEEEEE!!!!!
o Carissimo Guaglione :
Asi mismo es; has acertado. Aquella misma canciòn, que es inmortal, etèrea; la misma de los salones de aqui; de los de BaS; de los de Parìs.
Y en buen momento me llega tu felicitaciòn de cumpleaños.
Muchas gracias ! Se recibe con alto gusto.
Un abbraccio.
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